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"Una pequeña cantidad de plutonio y uranio es falso. (...) Fueron posiblemente varios kg dispersados"

  •   6 minutos de lectura

El 15 de febrero de 1966, menos de un mes después del accidente de dos aeronaves del ejército de EEUU sobre la pedanía almeriense de Palomares del que ahora se cumplen 60 años, la embajada de EEUU entregó al ministro de Asuntos Exteriores de España un borrador de comunicado conjunto sobre el accidente. Se habían liberado cuatro bombas termonucleares a dos de las cuales no se les había abierto correctamente el paracaídas, impactando contra el suelo y liberando plutonio y uranio, y eso estaba provocando informaciones a nivel internacional que no convenían ni al Gobierno de EEUU, que no quería que surgiese un movimiento en contra de sus bases militares dispersas por la mitad del mundo ni contra sus operaciones nucleares en plena Guerra Fría; ni a la dictadura de Franco, inmersa en una campaña de promoción del turismo para atraer divisas extranjeras.

El ministro de Asuntos Exteriores español, Fernando Castiella, reenvió el borrador de comunicado al ministro de Industria para conocer su opinión. Querían mantener dos criterios que suponían un complicado equilibrio: "no decir nada en contra de la verdad" y al mismo tiempo "no alarmar innecesariamente a la población".

Tres días después, recibió la respuesta que figura en este documento al que tuvo acceso DATADISTA tras su desclasificación y que recoge que, en el borrador, había afirmaciones directamente falsas. En el archivo figura también el documento con el texto corregido en inglés.

En el borrador de EEUU se decía: "El impacto de las armas contra la tierra provocó la ruptura de las carcasas, lo que dio lugar a la dispersión de una pequeña cantidad de plutonio (Pu 239) y uranio (U 235) en las inmediaciones de los puntos de impacto". ("The impact of the weapons on land caused rupture of weapons cases, which resulted in the scattering of a small amount of plutonium (Pu 239) and uranium (U 235) in the immediate vicinity of the points of impact").

Según Industria, hay puntos en ese párrafo que son directamente "falsos", tanto por las causas que se dan a entender como causantes de la dispersión, como por decir "una pequeña cantidad, ya que se sabe que fueron posiblemente varios kilogramos de plutonio Pu-239 y Uranio U-235 los dispersados. La palabra 'alguno' se acerca mucho más a la verdad que el decir pequeño".

El texto supone un reconocimiento explícito y por escrito de la magnitud de las consecuencias de aquel accidente del que EEUU nunca ha querido responsabilizarse de forma vinculante y acabar de retirar el suelo contaminado.

Delimitación de las zonas expropiadas y ocupadas dentro del Programa de Recuperación. Se observa que dos de las zonas expropiadas están separadas por las dos balsas de agua excavadas desde mediados de los ochenta.

Falsedades sobre la contaminación futura

En el documento se propone una segunda modificación al texto. La propuesta de EEUU es: "Los estudios radiológicos de la zona de Palomares y sus poblaciones humanas y animales han incluido estudios de laboratorio detallados realizados por destacados científicos españoles y estadounidenses. No se ha obtenido evidencia de riesgo para la salud". ("Radiological surveys of the Palomares area and its human and animal populations have included detailed laboratory studies by leading spanish and us scientists. They have obteined no evidence of health hazard").

Ese texto, explica Industria, "conduciría a un juicio falso, ya que si bien es cierto que hasta el presente no se ha encontrado en el personal contaminado dosis que aparezcan como peligrosas, es posible que en el futuro sí aparezcan, y ello en un número indeterminado de personas". Propone que se diga que los trabajos de laboratorio "hasta la fecha no han demostrado la existencia de riesgo radioactivo, sin que comprometa con respecto a lo que pueda ocurrir en el futuro".

El borrador de EEUU es especialmente llamativo porque al mismo tiempo, como se ve en otro de los documentos desclasificados, estaban proponiendo a España convertir Palomares en un inmenso laboratorio de los efectos del plutonio en población real.

El riesgo de inhalación

La tercera aclaración que se traslada a Castiella es que se mezclan los potenciales riesgos: "comer legumbres del área en cuestión", que no tendría riesgos de contaminación, de la posible inhalación de los elementos dispersados. Se propone una mejor puntuación del texto para que se separe claramente "el riesgo por vía oral del otro, que es muchísimo mayor y ha consistido en la entrada del plutonio en el cuerpo humano por vía respiratoria".

Como se puede leer en el documento, el ministro de Industria consultó con las autoridades en Madrid de la Junta de Energía Nuclear y con el Jefe de la División de Medicina y Protección de la propia JEN. Les pareció bien emitir el comunicado conjunto pero para llegar a un consenso fueron precisas "largas discusiones".

En la misma caja de documentos desclasificados figura la siguiente nota que recoge de nuevo los párrafos originales del comunicado propuesto por EEUU. Figura adjunta una tarjeta de visita de Agustín Muñoz Grandes, general jefe del Alto Estado Mayor, con la anotación Sagaz, en referencia a Ángel Sagaz, director general de Relaciones con los EEUU del Ministerio de Asuntos Exteriores, y en rojo "no se dio".

Lo que se llevó EEUU y lo que dejó en el terreno

En 1966, mientras aún buscaban la Bomba 4, la que había caído en el mar, las Fuerzas Armadas de EEUU mapificaron la zona que había resultado más afectada por la contaminación radiactiva. Era un área de 220 hectáreas inicialmente, ampliada después, a las que se llamó la Línea Cero.

Mapa en el que se recogieron los límites de la llamada Línea Cero con los diferentes niveles de contaminación en el suelo. | CIEMAT

En la llamada zona 2 se excavaron dos fosas o trincheras para enterrar el material contaminado, incluidos restos de las aeronaves del accidente, incluso antes de que el Gobierno de España diese el visto bueno. Hubo discusiones sobre cómo señalizar el enterramiento, cómo impermeabilizarlo, si podía acabar afectando al suelo y a aguas subterráneas. Ante las complicaciones, EEUU accedió a llevarse 4.810 barriles con material contaminado a Savannah River. Otra parte se enterró pero EEUU se negó a señalizarlo para que no quedase para la posteridad un monumento a sus accidentes nucleares. Con el tiempo se le perdió la pista a las fosas, que tuvieron que ser localizadas por georradar ya en este siglo. Fue entonces cuando descubrieron que habían estado a punto de desenterrar el material al excavarse dos gigantescas balsas de agua para regadío justo en esa zona.

Palomares, un secreto urbanizable
La desclasificación de documentos, al rastreo de los cables desvelados por Wikileaks e informes del Consejo de Seguridad Nuclear permiten rehacer la historia del accidente.

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