

Hace 60 años, el 17 de enero de 1966, un accidente con armamento nuclear sobre población civil en España que parecería no tener otra lectura que la de un desastre, fue visto por parte del Gobierno de EEUU y la dictadura de Franco como una oportunidad: la de tener un laboratorio en vivo, con personas, cosechas y elementos meteorológicos reales, de los efectos a lo largo del tiempo de la dispersión de elementos radiactivos. Si algo tenían claro es que aquello iba a perdurar y a variar con el paso del tiempo, según las estaciones, conforme se sucedieran los fenómenos meteorológicos, porque se habían dejado varios kilos de plutonio sobre el terreno. Así lo demuestran los documentos desclasificados de la dictadura a los que tuvo acceso DATADISTA.
"Deseo proponerle que ampliemos nuestra colaboración en los campos de la sanidad y la seguridad". (…) "Le sugiero investigar diversos aspectos relativos a la sanidad y seguridad de materiales fisionables cuando estos quedan libres en un área agrícola rural. Tan pronto como sea posible, se iniciarán las investigaciones”. Se trata de estudiar "la absorción y retención de plutonio y uranio por un número representativo de un grupo de población potencialmente expuesto a la inhalación"; las "fluctuaciones temporales y estacionales de plutonio en el aire sobre una región agrícola contaminada"; los "niveles de contaminación de productos agrícolas" y la "migración temporal y redistribución del óxido de plutonio en el suelo (...) como resultado de un cultivo continuo y de la acción de los agentes meteorológicos".

John A. Hall, subdirector general de Actividades Internacionales de la Comisión de Energía Atómica de EEUU, y José María Otero de Navascués, el físico español pionero de la energía nuclear y en ese momento presidente de la Junta de Energía Nuclear (JEN) de España, se escribieron y contestaron en un mismo día, el 25 de febrero de 1966, para definir los términos del que llamaron en España Acuerdo Otero-Hall y, en EEUU, Acuerdo Hall-Otero. Había pasado poco más de un mes después del accidente. Mientras una parte del gobierno de la dictadura dedicaba sus esfuerzos a lograr dispersar cualquier duda sobre los riesgos del accidente, con tal de no afectar al sector turístico en el que habían puesto todas las esperanzas de entrada de divisas, otra vio ante sí la posibilidad de investigar.
Otero Navascués contesta a Hall que tiene "el gusto de comunicarle, una vez autorizado por el Excmo. Sr. Ministro de Industria, que la Junta de Energía Nuclear acepta, en los términos señalados en su carta y de acuerdo con los puntos contenidos en el Anexo a la misma, haciendo votos para que dichos trabajos sirvan para estrechar aún más los lazos que unen a nuestras dos organizaciones".

Es un acuerdo de investigación, no sobre la salud de las personas que se han podido ver afectadas y que pretenden analizar durante años ni los daños a sus propiedades, presentes o futuras. A las personas, a las que se enviará durante años a hacerse pruebas a Madrid para comprobar su potencial contaminación, no se les facilitaron los resultados durante años y solo se hizo tras mucho insistir y con datos personales modificados.
Por otro lado, las negociaciones sobre posibles indemnizaciones a los afectados discurrieron por un cauce diferente y con interlocutores por parte de EEUU mucho menos dispuestos a la cooperación. De hecho, para reducir el valor de esas indemnizaciones, se hizo firmar a los afectados un documento en el que debían reconocer, siendo falso, que el suelo ya estaba limpio y devuelto a su estado previo al accidente y que renunciaban a cualquier indemnización futura.
Detalles del acuerdo
El acuerdo Otero-Hall pudo cerrarse de forma ágil mediante la ampliación de un acuerdo previo, el Convenio de Cooperación relativo a los usos civiles de la energía atómica que mantenían España y Estados Unidos desde 1957. Así se lo hace saber Hall a Otero-Navascués. En su carta incluye ya un anexo con los puntos que quiere incluir en el acuerdo:



Uno de los puntos que llaman la atención, por su conexión con la información de otros documentos desclasificados y localizados por esta investigación, es el de los "estudios sobre la migración temporal y redistribución del óxido de plutonio en el suelo, descontaminado por medio de arado profundo, como resultado de un cultivo continuo y de la acción de los agentes meteorológicos".
EEUU fue consciente desde un primer momento no solo de que se dejaba suelo contaminado en la zona, suelo que fue arado primero y tapado después con suelo limpio pretendiendo con ello que se había descontaminado. También de que, con el tiempo y tratándose de una zona de cultivo y con fuertes vientos así como lluvias escasas pero en ocasiones torrenciales, era probable que el óxido de plutonio acabase aflorando a la superficie.
La deriva del Plutonio a Americio
El tiempo es también muy relevante en lo que a la salud de las personas se refiere. Como desveló hace años DATADISTA basándose en el voto particular de dos magistrados de la Sala de lo Contencioso Administrativo de la Audiencia Nacional en el proceso iniciado por Ecologistas en Acción-Almería para lograr la limpieza de Palomares, el Plan de Rehabilitación de la zona que lleva años intentando pactarse con EEUU incluía la observación de que el Plutonio dejado en el terreno está derivando en Americio. Este alcanzará su actividad máxima 73 años después de haber sido 'purificado' para su utilización en las bombas. La fecha se cumplirá "entre 2030 y 2033". La radiación del americio ya no es alfa, sino gamma, con mayor riesgo para la salud.
El anexo recoge la aportación de fondos, material y especialistas por parte de ambos firmantes. También que se espera que dure años.

Llama también la atención que se mencione al ministro de Industria, el mismo ministro al que recurre el ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Castiella, para que dé su opinión sobre un borrador de comunicado conjunto que ha elaborado la Administración de EEUU, desvelado también por esta investigación. El ministro de industria le pide opinión precisamente a la JEN antes de transmitir a Asuntos Exteriores que sobre el terreno no ha quedado una "pequeña cantidad" de plutonio y uranio, como pretende decir EEUU en el comunicado, sino "varios kilogramos".
El Acuerdo Otero-Hall se firmó estando presentes, además de quienes le dan nombre, el General Donovan y el Dr. Langham. El primero es a quien se atribuye haberse comprometido a que las consecuencias del accidente entrasen dentro del acuerdo de 1964 por la llegada de submarinos nucleares a la base de Rota.
Langham era más conocido en la época como Míster Plutonio, por los experimentos con población civil utilizando el isótopo y las leyendas negras, no desmentidas, sobre a quién se lo había supuestamente inyectado para estudiar las consecuencias.
El acuerdo Otero-Hall derivó en lo que después se ha conocido como Proyecto Indalo entre el Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) y el antecesor del Ciemat, la citada JEN. Un programa de seguimiento dosimétrico y sanitario de la población, con reconocimientos médicos anuales a unas 150 personas, incluyendo la recogida de muestras de orina; y un programa de vigilancia radiológica ambiental, en el que se incluía el examen de suelos, aerosoles, vegetación y productos de origen animal.
El proyecto estuvo financiado por el DOE y la JEN (luego por el Ciemat) hasta 2009, cuando el organismo español asumió el coste en solitario.
Guerra Fría
En 1966, hace 60 años, el mundo estaba inmerso en altas tensiones bélicas derivadas entonces del potencial ataque mutuo entre el bloque liderado por EEUU y el liderado por la URSS. Guerra Fría. Un conflicto basado en la acumulación de armas nucleares hasta medir su cantidad por el número de veces que cada contendiente podía destruir el planeta. Una carrera con referente en las consecuencias del ataque nuclear de EEUU a Hiroshima y Nagasaki que derivó en absoluta sicosis mundial.
El universo generado por la ficción en libros, películas, cómics, todo tipo de arte de aquella época palidece frente a la realidad hoy conocida de la existencia de misiones constantes de aviones yendo y viniendo a la frontera de la URSS cargados con bombas termonucleares que repostaban en vuelo, también sobre población civil, para no dejar en suelo no estadounidense sus preciados secretos atómicos. Se llamaban misiones Chrome Dome. Vuelos en código de prácticas listos para cambiar en cualquier momento a maniobra real de ataque.
Hace 60 años, el 17 de enero de 1966, debido al acuerdo cerrado en 1953 entre la dictadura de Franco y EEUU, las localidades de Vera y Cuevas del Almanzora, y la pedanía de Palomares perteneciente a esta última, fueron protagonistas indeseados de la Guerra Fría al colisionar dos aeronaves del ejército de EEUU (un bombardero B-52 y un avión cisterna KC-135) en maniobra de repostaje y desprenderse las bombas que portaban. A dos no se les abrió correctamente el paracaídas. A otra, sí, y se recuperó intacta en el lecho de un río. La cuarta cayó en el mar y fue recuperada 80 días más tarde.
Más sobre los papeles de Palomares


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